El busto olvidado de Mariscal Llerena: símbolo de una salud que agoniza en Ayacucho

 


No se trata únicamente de un busto. Lo que yace entre el olvido y la indiferencia es la memoria colectiva de un pueblo que alguna vez reconoció a Miguel Ángel Mariscal Llerena como el médico de los pobres, un hombre cuyo legado fue atender sin distinción, guiado por ese espíritu hipocrático que hoy parece un lujo perdido en la práctica médica.

Desde el 2003, el Hospital Regional de Ayacucho lleva su nombre, un homenaje que en teoría debía perpetuar sus valores y su humanidad. Sin embargo, la realidad golpea: el busto que lo representa luce en abandono, como una metáfora cruel de lo que hoy significa la salud pública en nuestra región.

La pregunta es inevitable: ¿merece este fin la memoria de un médico visionario y lleno de humanidad, o es simplemente el retrato fiel de un sistema de salud que se cae a pedazos y de un derecho fundamental que, en la práctica, dejó de serlo?

Que la imagen de Mariscal Llerena esté reducida al deterioro y la desidia no es un hecho menor. Es un signo inequívoco de la precariedad que padecen los pacientes, los trabajadores de la salud y toda la población ayacuchana. No solo hemos permitido que se deteriore un busto: hemos permitido que se derrumbe el símbolo de la esperanza y la dignidad que alguna vez encarnó.

Esto nos lleva a preguntarnos, ¿dónde está lo que alguna vez fue realmente el glorioso Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho?

Foto: Rafael Giovanny Jorge León

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