El capricho de Oscorima: los Juegos Bolivarianos 2025 se hunden en la improvisación

Los Juegos Bolivarianos Lima – Ayacucho 2025 (sede Huamanga) siempre fueron un capricho de Wilfredo Oscorima. Y sí, el nombre correcto es “Lima – Ayacucho 2025” y no “Ayacucho – Lima”, como lo presentaron en su momento Dina Boluarte y Wilfredo Oscorima cuando ambos gozaban del poder político nacional. 

Un evento que alguna vez se presentó como la gran vitrina del deporte ayacuchano y el punto de relanzamiento de la región a nivel nacional e internacional, hoy se ha convertido en un acontecimiento sin pena ni gloria, que pasará por la ciudad de los templos casi sin dejar rastro.

¿CÓMO LLEGARON LOS JUEGOS BOLIVARIANOS 2025 AL PERÚ Y A AYACUCHO?

Originalmente, estos juegos debían realizarse en Guayaquil, Ecuador, pero fueron rechazados por falta de garantías económicas y la inestabilidad política que atraviesa ese país.

En ese contexto, según fuentes de Ensartes, uno de los personajes recientemente condecorados por la Municipalidad Distrital de Quinua por su “aporte al deporte ayacuchano” vio junto con otros interesados la oportunidad de generar grandes ingresos propios. Y convencieron a Wilfredo Oscorima y a su entorno para que gestionaran la sede del evento.

Así, de la noche a la mañana, sin plan, sin proyección y sin capacidad técnica, se decidió que Ayacucho sería anfitriona de los juegos, pese a los evidentes problemas administrativos del Instituto Peruano del Deporte (IPD) y la absorción del proyecto Legado.

El Comité Olímpico Peruano (COP), consciente de las limitaciones regionales, recomendó que los Juegos Bolivarianos se desarrollaran con dos sedes anfitrionas: Lima y Ayacucho. Lima, por su infraestructura deportiva, sería la sede principal, y Ayacucho, una secundaria.

Wilfredo Oscorima y sus allegados aceptaron el reto, comprometiéndose a cumplir con diversos requerimientos técnicos que, como era de esperarse, jamás cumplieron.

AYACUCHO PIERDE DISCIPLINAS POR INCUMPLIMIENTOS.

Desde un inicio se sabía que Ayacucho recibiría 11 disciplinas deportivas, entre ellas algunas de gran expectativa popular como baloncesto (3x3 y 5x5), voleibol sala masculino y futsal.

Sin embargo, el pasado 16 de octubre, Ensartes advirtió que “la sede Ayacucho de los Juegos Bolivarianos 2025 se encontraba enriesgo por incumplimiento de obras del Gobierno Regional”. El asfaltado inconcluso de las losas en los hangares del Centro de Exposiciones y Convenciones Canaán impidió que el IPD instalara la infraestructura temporal necesaria para las competencias.

Ante el incumplimiento, el comité organizador decidió trasladar seis disciplinas deportivas a Lima. Finalmente, Ayacucho solo albergará taekwondo, boxeo, kickboxing y ciclismo.

De acuerdo con el Comité Olímpico de Colombia, las disciplinas de wushu y baloncesto (3x3 y 5x5) no se realizarán porque no reúnen el quórum reglamentario o presentan dificultades logísticas. Una situación que deja al Perú como un pésimo organizador internacional.

IMPROVISACIÓN Y CAPRICHO POLÍTICO.

La decisión de adaptar el Centro de Exposiciones y Convenciones Canaán —un recinto diseñado para ferias y eventos culturales— a fines deportivos ha sido duramente cuestionada. Diversos sectores la califican como una muestra más de improvisación y capricho político del gobernador regional.

La falta de avance en esta obra pone en jaque la organización y evidencia el desinterés del Gobierno Regional por el cumplimiento técnico. Una negligencia que pone en riesgo el nombre y la imagen de Ayacucho ante el país y la región.


LOS RESPONSABLES Y EL SILENCIO MEDIÁTICO.

Según Juan Escriba, subgerente de Juventud, Educación y Deporte de la Municipalidad Provincial de Huamanga, los encargados de la organización y logística local de los juegos son Jesús Castillo, Edgar Taboada y Daniel Atachao, quienes trabajan directamente para el IPD nacional desde Ayacucho.

Esto revela una responsabilidad compartida entre el IPD nacional y el Gobierno Regional de Ayacucho, aunque las fuentes coinciden en que la verdadera culpa recae en Wilfredo Oscorima, por designar a personas cercanas sin experiencia en la organización de eventos deportivos de talla internacional.

A ello se suma un creciente malestar por posibles irregularidades en contrataciones, adquisiciones y manejo presupuestal, temas que el Órgano de Control Interno del IPD nacional deberá investigar, aunque —como suele ocurrir en el Perú—, probablemente no suceda nada.

Un dato adicional: desde Ensartes nos comunicamos vía WhatsApp con Jorge Rojas, jefe de comunicaciones en Lima de los Juegos Bolivarianos Lima – Ayacucho 2025, y con Edgar Taboada, encargado en Ayacucho; sin embargo, al formularles las preguntas relacionadas con este caso, prefirieron no responder.

UN GASTO MILLONARIO, SIN LEGADO PARA AYACUCHO.

El presupuesto estimado de los Juegos Bolivarianos Lima – Ayacucho 2025, asciende a 324 millones de soles, aproximadamente, pero todo apunta a que Ayacucho no recibirá ningún beneficio tangible, ni siquiera infraestructura temporal de calidad.

El resultado es claro: un evento que comenzó con promesas grandilocuentes y termina como un capricho político sin legado alguno.

El único responsable es Wilfredo Oscorima y su entorno. No el IPD, no el Comité Olímpico Peruano, ni el Comité Organizador. Pero los medios locales guardan silencio. ¿Y por qué? Basta revisar sus publicaciones. Ustedes saquen sus propias conclusiones.






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